Por Redacción | Agencia MANL.
La reciente renuncia de Carolina Monroy Del Mazo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) volvió a sacudir el tablero político del Est#%ado de México y reabrió un debate que se ha vuelto recurrente en los últimos años: la salida de cuadros priístas históricos justo cuando el desgaste del partido es más evidente ante la ciudadanía.
En una carta pública, la exdiputada federal y exdirigente del PRI mexiquense anunció su salida definitiva argumentando que el partido “perdió el rumbo” y dejó de representar los valores que marcaron su carrera política. Tras su renuncia, anunció su integración a Somos MX México, organización impulsada por Guadalupe Acosta Naranjo y Cecilia Soto González, que busca agrupar a políticos y ciudadanos inconformes con los partidos tradicionales
Sin embargo, el caso de Monroy no es aislado. En el Estado de México se ha vuelto cada vez más común que políticos formados dentro del priísmo abandonen sus filas cuando el partido enfrenta su peor momento electoral.
Uno de los casos más recientes es el de Miguel Ángel Ramírez Ponce, alcalde de Lerma, quien anunció su renuncia al PRI tras 15 años de militancia, pese a haber construido su carrera política bajo esas siglas. Ramírez Ponce logró incluso la reelección como presidente municipal, pero decidió romper con el tricolor a tan solo 14 meses de las elecciones para renovar alcaldías mexiquenses, un movimiento que muchos analistas interpretan como una estrategia política ante el nuevo escenario electoral en la entidad.
Antes, otro golpe fuerte para el priísmo mexiquense fue la salida del exgobernador Eruviel Ávila Villegas, quien durante décadas fue uno de los cuadros más representativos del partido en el estado. Tras romper con el PRI, el exmandatario terminó alineándose con fuerzas cercanas a la llamada Cuarta Transformación.
A ello se suma el caso de Alejandra del Moral, quien fue candidata priísta a la gubernatura del Estado de México y, tras perder la elección, terminó integrándose al gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum, lo que para muchos observadores reflejó la volatilidad de las lealtades partidistas en la política mexicana.
El fenómeno no es menor. Durante décadas el PRI dominó el Estado de México, pero tras perder la gubernatura en 2023 y enfrentar constantes cuestionamientos por corrupción, seguridad e impunidad, el partido atraviesa una de las crisis más profundas de su historia en la entidad.
En ese contexto, las renuncias de figuras priístas levantan suspicacias entre analistas y ciudadanos: ¿se trata realmente de rupturas ideológicas o simplemente de movimientos estratégicos para mantenerse vigentes ante un electorado cada vez más crítico?
Mientras nuevos proyectos políticos intentan capitalizar estas figuras, la ciudadanía observa con escepticismo cómo muchos de los mismos actores que gobernaron durante décadas cambian de siglas, pero continúan ocupando los mismos espacios de poder.
Porque en el Estado de México, el verdadero reclamo ciudadano parece no ser solo cambiar de partido… sino cambiar la forma de hacer política.





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